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Vigésima FLIA Buenos Aires: sábado 12 y domingo 13 de Mayo, en el centro "Espacio Cultural Pompeya", Carlos María Ramírez 1469, Capital.
Segunda FLIA Sur: domingo 20 de mayo, en la plaza de Remedios de Escalada.
Segunda FLIA Quilmes: sábado 26 de Mayo, en el centro cultural "Pampero", Vieytes y Otamendi, Bernal.
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sábado, 7 de abril de 2012
viernes, 6 de abril de 2012
Los Arroyos Cuando Bajan
de Raúl Zibechi.Libro 010.
Primera Edición.
96 Páginas.
Abril '12.
Precio: 7 pesos.
Nuestros Sueños no Caben en sus Urnas.
¿Cuál es el secreto mejor guardado de la humanidad hoy en día? ¿La fórmula de la Coca-Cola? ¿La fecha en que se agotará el petróleo? ¿El verdadero color del pelo de Lady Gaga? No, el mayor secreto es la identidad del Subcomandante Marcos; es increíble que los servicios de inteligencia mexicanos y hasta la propia CIA no puedan asegurar exactamente el nombre de la cara más “visible” de un movimiento rebelde que surgió y se mantiene vigente, entre otras virtudes, por saber guardar un secreto como bien lo cuentan estas páginas.
El autor de este libro, Raúl Zibechi, nació en Montevideo el 25/1/52. A los 17 años empezó a militar en el Frente Estudiantil Revolucionario (FER), organización juvenil vinculada al Movimiento de Liberación Nacional “Tupamaros”. Tuvo que exiliarse en Buenos Aires en el año ‘75 debido a la represión de la dictadura militar imperante en su país, pero en 1976 y ante el golpe de estado en Argentina, tuvo que huir nuevamente y radicarse en Madrid, donde residió más de diez años. Formado políticamente en el dogmatismo marxista-leninista (en su versión maoísta) en este, su primer libro, empieza a reflejar su cambio político y personal, su “abolladura” teórica sufrida después de entrar en contacto con la realidad de las comunidades indígenas y el zapatismo. A través de sus libros y sus escritos, Zibechi ha llegado a ser hoy uno de los referentes intelectuales del Autonomismo en el continente.
El análisis de los movimientos sociales latinoamericanos lo llevó a afirmar que tienen marcadas diferencias con los europeos y los estadounidenses, ya que se trata de movimientos territorializados, donde los miembros de los sectores sociales que los integran (indígenas, campesinos, sectores populares urbanos) viven de otro modo, enfatizando en la diferencia social y cultural como motor del cambio. En estos territorios, predominan relaciones sociales no capitalistas, es decir: valores de uso por sobre valores de cambio; la salud y la educación no son mercancías y se practican de modo diferente a como lo hace la sociedad hegemónica; se crean a menudo formas de poder no estatal, en base a la asamblea que es el órgano colectivo de decisión, como sucede con las Juntas de Buen Gobierno en Chiapas, los cabildos en las regiones nasa en Colombia o los cuarteles aymaras en el Altiplano boliviano.
Este conjunto de características le permitieron afirmar que la categoría “movimientos sociales” no es adecuada para comprender la acción social en América Latina, por lo que ha acuñado el concepto de “sociedades en movimiento”, que remite al conjunto de relaciones sociales diferentes a las hegemónicas y que constituyen un mundo otro en movimiento, en el doble sentido de resistir al modelo político-económico-social dominante pero a la vez, al proceso de creación de un mundo nuevo a partir de esas relaciones sociales territorializadas. En este sentido, buena parte de su trabajo consiste en mostrar la existencia de estas relaciones entre los oprimidos, pero también a visibilizar cómo los movimientos son portadores de un mundo nuevo, a diferencia de la concepción de la izquierda clásica y tradicional que los considera como meros medios para luchar por la conquista del poder político estatal.
Este libro también es útil para entender por qué fracasaron tantos intentos guerrilleros en Latinoamérica que surgieron en las décadas del ‘70 y del ‘80, y cuáles son las razones de la permanencia del zapatismo, que avanza firme a la velocidad del caracol. No fueron pocas las veces que los zapatistas han sido criticados por estos grupos armados por “haber tirado pocos tiros”, no entendiendo que, generalmente, la solución militar se utiliza cuando ya se ha fracasado en la política. En su milenario libro “El arte de la guerra” Sun Tzu escribía: Lo supremo en el arte de la guerra consiste en someter al enemigo sin darle batalla. Quizás por eso, los zapatistas han priorizado el uso de la Palabra por sobre el uso del Fuego, renegando también de la cultura militarista, otra condición necesaria para poder ser llevado por los nuevos aires que soplan, en las estepas de la resistencia global del siglo veintiuno.
jueves, 5 de abril de 2012
Universo Diverso y Transverso
Un libro sobre FLIA La Plata. 
Libro 009.
Primera Edición.
48 Páginas.
Setiembre '10.
Precio: 3 pesos.
Estos Libros Muerden, se Comen tu Conformismo.
En Argentina y en el año ‘83, con el retorno de la “Democracia” -y después de haber vivido una Dictadura terrible durante siete años-, sucedió algo llamativo: hubo un vuelco masivo, en especial de la juventud, hacia los partidos políticos, incluso hacia los de izquierda. Mucha gente llegaba sola a los locales partidarios, las movilizaciones eran muy concurridas. Cualquier boludo que se paraba a gritar fuerte un par de consignas en una esquina, reunía 20, 30 personas sin mucho esfuerzo. Como los milicos habían prohibido los partidos políticos varios creíamos, automáticamente, que deberían ser algo maravilloso.
Con el tiempo y el andar, numerosos activistas nos dimos cuenta que los métodos de estas organizaciones eran bastante parecidos a los de los militares; y en los medios está el fin. Eso hizo que lentamente la gente se alejara de ellos, planteándose la necesidad de crear nuevas herramientas para luchar.
Por eso, después del estallido social del 2001, la multitud no sólo no fue en busca de los partidos sino que creó sus propias organizaciones políticas y sociales (las Asambleas Barriales) con un funcionamiento que reflejara sus deseos más genuinos: horizontalidad, consenso, autonomía, pluralismo, solidaridad. El régimen, ante semejante atrevimiento atacó duro con la policía y sus provocadores, pero su tarea fue completa recién cuando los partidos de izquierda desde adentro -con sus miserias y sus mezquindades- generaron la implosión que las hirió de muerte. Para estos partidos, las Asambleas fueron un estorbo, pero lo que nunca entendieron fue que dejaron una marca indeleble en la subjetividad popular.
La experiencia corta pero intensa de las Asambleas, alimentó los sueños de muchos que vimos cómo es posible construir el Mundo Nuevo aquí y ahora. Esto fomentó búsquedas hacia otras formas de militancia y participación en organizaciones de nuevo tipo, ya que en ningún lado está escrito que la realidad no se pueda cambiar hoy, salvo en la biblia de los conformistas. A propósito de esto, uno de los teóricos contemporáneos del situacionismo, el norteamericano Hakim Bey, en su excelente libro “Zona Temporalmente Autónoma” se pregunta: “¿Es que estamos condenados, los que vivimos el presente, a nunca experimentar la Autonomía, a nunca habitar ni por un momento una tierra regulada sólo por la Libertad? ¿No nos queda otra opción que la nostalgia del pasado o la nostalgia del futuro? ¿Tendremos que esperar a que la totalidad del mundo sea liberado del control político, antes de que uno sólo de nosotros pueda afirmar conocer la Libertad? La lógica y la emoción se alían para condenar tal posibilidad. La razón establece que uno no puede luchar por aquello que no conoce, y nuestro corazón se rebela frente a un universo tan cruel como para imponer tal injusticia a nuestra generación, sola ante la Humanidad”.
En estos antecedentes hay que intentar rastrear el origen de la FLIA, una de las tantas ideas e iniciativas surgidas de todo un devenir histórico, continuidad de un sendero imaginativo y libertario.
La FLIA es una organización que no tiene centro, ni adentro, ni afuera. Cualquiera puede integrar un grupo FLIA; se puede ser parte de ella y al mismo tiempo de otras organizaciones, siendo esto último incluso, algo que la enriquece. Da una respuesta concreta desde la Autogestión, a una tendencia: la gente que cada vez más, deja su pasividad y busca diversos medios para expresarse y comunicar. La FLIA crea la Feria, que básicamente es un mercado, pero no en el sentido capitalista, sino en el sentido comunitario, social. Es un ámbito donde, por ejemplo, se realizan miles de transacciones comerciales sin que intervenga el Estado, es decir, donde no se debitan impuestos con los cuales se sostiene esta infernal estructura burocrática de control (policías, jueces, inspectores, periodistas, obispos, etc.). Además, es un lugar donde compartir saberes, donde expresarse libremente y -tanto o más importante- donde celebrar un encuentro, festivo y único, esperado con paciente ansiedad. Claro que no todo es tan lineal ni tranquilo dentro de las FLIAs; en las discusiones internas, se podría decir que existen dos posturas mayoritarias que intentan convivir: la de los que ven en la FLIA un espacio de expresión artística, cultural, y la de los que lo ven como un lugar desde donde resistir y conspirar. Con toda una rica gama de posiciones intermedias pero también, con relaciones impregnadas de mucho afecto y comprensión.
Y FLIA La Plata nació sin proponérselo, floreciendo en una estación equivocada, aprendiendo y radicalizándose, colectivizando esta idea en los centros sociales, concluyéndose nómade y herrante, transitando un camino desconocido pero sobre todo, contagiando Rebeldía a lo largo de su recorrido. Siempre.

Libro 009.
Primera Edición.
48 Páginas.
Setiembre '10.
Precio: 3 pesos.
Estos Libros Muerden, se Comen tu Conformismo.
En Argentina y en el año ‘83, con el retorno de la “Democracia” -y después de haber vivido una Dictadura terrible durante siete años-, sucedió algo llamativo: hubo un vuelco masivo, en especial de la juventud, hacia los partidos políticos, incluso hacia los de izquierda. Mucha gente llegaba sola a los locales partidarios, las movilizaciones eran muy concurridas. Cualquier boludo que se paraba a gritar fuerte un par de consignas en una esquina, reunía 20, 30 personas sin mucho esfuerzo. Como los milicos habían prohibido los partidos políticos varios creíamos, automáticamente, que deberían ser algo maravilloso.
Con el tiempo y el andar, numerosos activistas nos dimos cuenta que los métodos de estas organizaciones eran bastante parecidos a los de los militares; y en los medios está el fin. Eso hizo que lentamente la gente se alejara de ellos, planteándose la necesidad de crear nuevas herramientas para luchar.
Por eso, después del estallido social del 2001, la multitud no sólo no fue en busca de los partidos sino que creó sus propias organizaciones políticas y sociales (las Asambleas Barriales) con un funcionamiento que reflejara sus deseos más genuinos: horizontalidad, consenso, autonomía, pluralismo, solidaridad. El régimen, ante semejante atrevimiento atacó duro con la policía y sus provocadores, pero su tarea fue completa recién cuando los partidos de izquierda desde adentro -con sus miserias y sus mezquindades- generaron la implosión que las hirió de muerte. Para estos partidos, las Asambleas fueron un estorbo, pero lo que nunca entendieron fue que dejaron una marca indeleble en la subjetividad popular.
La experiencia corta pero intensa de las Asambleas, alimentó los sueños de muchos que vimos cómo es posible construir el Mundo Nuevo aquí y ahora. Esto fomentó búsquedas hacia otras formas de militancia y participación en organizaciones de nuevo tipo, ya que en ningún lado está escrito que la realidad no se pueda cambiar hoy, salvo en la biblia de los conformistas. A propósito de esto, uno de los teóricos contemporáneos del situacionismo, el norteamericano Hakim Bey, en su excelente libro “Zona Temporalmente Autónoma” se pregunta: “¿Es que estamos condenados, los que vivimos el presente, a nunca experimentar la Autonomía, a nunca habitar ni por un momento una tierra regulada sólo por la Libertad? ¿No nos queda otra opción que la nostalgia del pasado o la nostalgia del futuro? ¿Tendremos que esperar a que la totalidad del mundo sea liberado del control político, antes de que uno sólo de nosotros pueda afirmar conocer la Libertad? La lógica y la emoción se alían para condenar tal posibilidad. La razón establece que uno no puede luchar por aquello que no conoce, y nuestro corazón se rebela frente a un universo tan cruel como para imponer tal injusticia a nuestra generación, sola ante la Humanidad”.
En estos antecedentes hay que intentar rastrear el origen de la FLIA, una de las tantas ideas e iniciativas surgidas de todo un devenir histórico, continuidad de un sendero imaginativo y libertario.
La FLIA es una organización que no tiene centro, ni adentro, ni afuera. Cualquiera puede integrar un grupo FLIA; se puede ser parte de ella y al mismo tiempo de otras organizaciones, siendo esto último incluso, algo que la enriquece. Da una respuesta concreta desde la Autogestión, a una tendencia: la gente que cada vez más, deja su pasividad y busca diversos medios para expresarse y comunicar. La FLIA crea la Feria, que básicamente es un mercado, pero no en el sentido capitalista, sino en el sentido comunitario, social. Es un ámbito donde, por ejemplo, se realizan miles de transacciones comerciales sin que intervenga el Estado, es decir, donde no se debitan impuestos con los cuales se sostiene esta infernal estructura burocrática de control (policías, jueces, inspectores, periodistas, obispos, etc.). Además, es un lugar donde compartir saberes, donde expresarse libremente y -tanto o más importante- donde celebrar un encuentro, festivo y único, esperado con paciente ansiedad. Claro que no todo es tan lineal ni tranquilo dentro de las FLIAs; en las discusiones internas, se podría decir que existen dos posturas mayoritarias que intentan convivir: la de los que ven en la FLIA un espacio de expresión artística, cultural, y la de los que lo ven como un lugar desde donde resistir y conspirar. Con toda una rica gama de posiciones intermedias pero también, con relaciones impregnadas de mucho afecto y comprensión.
Y FLIA La Plata nació sin proponérselo, floreciendo en una estación equivocada, aprendiendo y radicalizándose, colectivizando esta idea en los centros sociales, concluyéndose nómade y herrante, transitando un camino desconocido pero sobre todo, contagiando Rebeldía a lo largo de su recorrido. Siempre.
miércoles, 4 de abril de 2012
El Maestro Ignorante
de Jacques Rancière.Libro 008.
Segunda Edición.
76 Páginas.
Julio ’11.
Precio: 5 pesos.
No Necesitamos Educación, que nos Controle la Imaginación.
Computación, deportes, primeros auxilios, diseño, historia, motores, sexo, carpintería, política, música, sumar y restar, cocina, filosofía, malabares, higiene, poesía, etc. ¿Cuántas cosas a lo largo de la vida, aprendemos sin necesidad de un “maestro”? La gran mayoría, sin ninguna duda. ¿Y cómo lo hacemos? Curioseando, copiando, observando por gusto o necesidad, preguntando, reflexionando, intentando a prueba y error, poniendo a funcionar una cualidad que todos poseemos: la inteligencia. Pero también eligiendo o creando nuestra propia forma de hacerlo. Con algo tan natural e imprescindible como la voluntad y sin ningún vínculo autoritario, sin la bota de ningún poder aplastándonos la cabeza y las ideas.
Pero la escuela es otra cosa; en ella de lo que se trata es de ponerle un cepo a los sueños, de amputarnos permanentemente la imaginación. La formación soberbia y pedante que recibe un profesor, es lo que le impide pensar un aprendizaje distinto, uno donde todos se posicionen de igual a igual, sin jerarquías y en el cual se disfruten los saberes compartidos.
Este libro de Rancière desnuda el tema del poder en un ámbito como el de la escuela “pública”, donde paradójicamente, está prohibido el ingreso de público. Niños que frente a la televisión o a Internet pueden recibir una opinión de su entorno familiar o comunitario que corrija un mensaje no deseado, en la escuela (donde los padres no pueden entrar y compartir una clase) los mismos niños se encuentran desprotegidos, a merced de un docente que, en el mejor de los casos, utiliza la mayor sutileza y astucia, para disciplinarlos y estupidizarlos.
Encima, en este país y en este continente, la educación institucional fue impuesta con la espada, con la pluma y la palabra, es decir, aplastando las numerosas y ancestrales culturas de los pueblos originarios. Culturas que en muchos casos, los conquistadores europeos encontraron más avanzadas que la de ellos mismos, con conocimientos astronómicos y matemáticos que les habían permitido desarrollar calendarios más precisos y descubrir el cero, mil doscientos años antes. Pero los conquistadores traían una cultura infectada del virus más letal: el capitalismo, que desarrolla tanto la ambición descontrolada, como la permisividad para utilizar los métodos más sanguinarios y devastadores para saciarla. Más de cien millones de indígenas que quedaron en las minas, en los obrajes, en las haciendas, en las luchas de resistencias para enriquecer al reino de España y a la banca europea, así lo evidencian.
Por todo esto, haberle dado el desarrollo estratégico de la educación a un milico genocida como Sarmiento, es un hecho que habla por sí mismo. Alguien que secuestró, que torturó, que asesinó, que violó mujeres, que robó niños como lo hicieron Astiz o Etchecolatz, ¿cómo puede dejar de ser lo que es, detrás de un escritorio? Sarmiento completó su tarea genocida obligando a los sobrevivientes a aprender en los claustros, su historia manchada de sangre.
Que en Argentina y en los inicios del siglo veintiuno, un niño de 6 años que empieza primer grado tenga que aprender forzosamente inglés, muestra una clara intención institucional: la de ir preparándolo desde pequeño para el mercado global. La gran mayoría de ellos nunca llegará a utilizarlo, pero eso no importa. Lo importante es que piense, sienta y viva en inglés, porque es el idioma en que habla el Imperio y la educación estatal está para que obedezcamos sumisamente, no para otra cosa. Y de paso (tan importante como lo anterior) es “saludable” que no aprenda alguna de las lenguas, que sí es más factible que llegue a necesitar para comunicarse con sus hermanos en la vida cotidiana, como el guaraní (la lengua de los guaraníes), el mapudungun (la de los mapuches) o el qom (la de los tobas).
Por suerte, cada día surgen nuevas formas de contrarrestar la nefasta influencia de la educación del Sistema. Unos, la denuncian y combaten; otros, crean ámbitos alternativos de aprendizaje. Pero ninguno alberga expectativas en la escuela, porque no hay posibilidades de cambio donde todo está completamente fijo e inmóvil, como en un cementerio.
martes, 3 de abril de 2012
Rebelión en la Granja
de George Orwell.Libro 007.
Tercera Edición.
64 Páginas.
Noviembre ’11.
Precio: 5 pesos.
Contra toda Propiedad, incluida la Intelectual.
Si hubiera que definir la trayectoria de Orwell con una frase, ninguna mejor que una dicha por él mismo: “Libertad significa el derecho a decirle a la gente lo que esta no quiere oír”. Vaya pues esto, en tributo a tanto talento y energías dedicados a combatir los regímenes totalitarios, esos a los que tanto les gusta que el pueblo vaya callado del freezer al trabajo y del microondas a su casa.
George Orwell militaba en el Partido Comunista Inglés cuando estalló la Guerra Civil Española. Conmovido por la posibilidad de que, si el fascismo triunfaba en España se extendería a toda Europa (hecho que efectivamente aconteció), participó de la guerra como brigadista internacionalista. Fue a dar casi por casualidad a las milicias del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista, de origen trotskista). Combatió del lado de la República, pero su experiencia le sirvió para ver en acción, el cáncer mortal que significó el stalinismo. De sus momentos vividos en España, escribió el libro Homenaje a Cataluña (que tan brillantemente el director inglés Ken Loach, llevó al cine con la película “Tierra y Libertad”).
Este es un libro imprescindible para comprender la Revolución Rusa y su degeneración burocrática posterior, hasta su inevitable fracaso y derrumbe. Cada capítulo tiene su correlato con acontecimientos fundamentales del siglo veinte. Hechos que sirven para comprender qué queremos decir cuando pronunciamos la palabra stalinismo (una práctica nefasta que se da incluso, en muchas organizaciones que se autoproclaman como “antistalinistas”).
En una serie de juicios celebrados entre 1936 y 1938 (“Los Procesos de Moscú”), varios altos dirigentes del partido (incluidos Zinoviev, Bujarin y Rikov) fueron acusados, condenados y ejecutados por su supuesta participación en una conspiración con Alemania y Japón para derribar al régimen soviético. Idénticos cargos se hicieron en otro juicio, de carácter secreto, contra algunos oficiales del Ejército Rojo (entre ellos, al mariscal Tujachevski) que también fueron ejecutados. El 23/8/39, Stalin firma con Hitler un tratado de no agresión denunciando a las decadentes “democracias occidentales”. Luego, cuando el Führer se caga en ese pacto e invade la URSS, Stalin se suma a los Aliados y combate al “eje nazi-fascista”. Todo, al costo de más de 20 millones de soldados soviéticos muertos en la guerra. Cualquier cosa era válida con tal de mantener tranquila la “granja”. Además, ya no importaba la lucha de clases a nivel mundial y en cada país, había que coexistir pacíficamente con el enemigo. Por eso, no tuvo ningún escrúpulo en sentarse junto a los presidentes de EE UU y Gran Bretaña en las conferencias de Yalta y Potsdam, donde los tres imperios se dividieron el mundo y establecieron el orden que rigió durante más de cuatro décadas.
Por suerte, las imágenes donde multitudes sublevadas derrumban regímenes estalinistas, ya nadie podrá borrar de nuestra memoria. Como sucedió en Rumania, donde el 25/12/89, el Napo-burócrata Nicolae Ceausescu fue detenido, juzgado y ajusticiado (junto a su esposa, Elena). Ceausescu, el mismo que intentó aplicar en los ‘80, un terrible plan de ajuste fondomonetarista para pagar la deuda externa, el mismo que poseía miles de millones de dólares en cuentas bancarias en Suiza, como cualquier dictador latinoamericano. Así fueron cayendo estos regímenes, mediante procesos diversos pero con un denominador común: la rebeldía popular contra el Estado opresor y el odio a los privilegios tanto como a la mentira.
Pero ahora, nos queda por delante elaborar la verdadera alternativa revolucionaria, tan opuesta al capitalismo como a toda degeneración burocrática. Escribir la segunda parte de este libro, la parte en que los animales se deshacen de la opresión de los cerdos, eliminan su régimen y extienden la Rebelión a las demás granjas hasta liberarlas a todas del yugo de los hombres. Y siempre intentando construir a cada paso la sociedad nueva, en la que a cada uno se le pida esfuerzo de acuerdo a lo que puede y se le brinde de acuerdo a lo que necesita.
lunes, 2 de abril de 2012
Independencia Total (Dos)
de Negu Gorriak.Libro 006.
Segunda Edición.
68 Páginas.
Mayo ’12.
Precio: 5 pesos.
(Próximamente)
...Y sin Lucha, No hay Dignidad.
Inevitable es leer o escuchar cualquier noticia sobre Euskadi, y no relacionarla automáticamente con la lucha independentista. Y es que, aún hoy, el imperialismo centralista castellano mantiene a sangre y fuego (con la ayuda de su par francés), la bota opresora sobre el pueblo vasco a través del régimen monárquico, establecido con la colaboración del PSOE y del PCE. En ningún momento dicho pueblo ha podido, en el marco del proceso constitucional abierto con la muerte del fascista Franco, expresar libremente sus deseos, su voluntad.
Inmerso en esta problemática, Negu Gorriak hundió raíces en ese fermento social y generacional, que hierve de independencia y de odio al Estado represivo. Tarea peligrosa (hasta para un aventurero), que ellos transformaron en un desafío. Con dos integrantes procesados por insumisos por negarse a hacer el servicio militar obligatorio; con una larga persecución judicial por parte del teniente coronel Rodríguez Galindo (máximo responsable militar por ese entonces, del país vasco) que incluyó presentaciones frente a diversos juzgados y que casi les cuesta hasta su propio sello; con el boicot de una parte importante de la prensa; con amenazas y agresiones varias, emergieron de la única manera posible: fusionando su música y su actividad, con las energías de la resistencia. Así de sencillo.
A partir de su tercer disco (que como dijera Fermín, fue “un manifiesto, un testamento, una especie de libro rojo”), y de la gira-presentación del mismo, NG inicia una rica apertura hacia ritmos y realidades de otras latitudes (su paso por Latinoamérica tiene mucho que ver en esto). Se les pueden criticar cosas, como el intentar poner en un pie de igualdad a la guerrilla independentista de ETA con el FMLN salvadoreño (grupo stalinista que terminó capitulando). Pero son muchas más, las cosas a favor que su esfuerzo militante produjo: la organización de verdaderas células de propaganda y acción, las brigadas NG, no sólo en Euskadi, sino en diversos puntos de Europa; el rescate de la música autóctona vasca, fusionada con la diversidad de los ritmos actuales; el compromiso con la lucha por el retorno de los presos políticos a suelo vasco; la posibilidad para decenas de bandas de editar su música, marginadas por no cantar “en español”; el impulso a la internacional del rock, etc. Y todo esto hecho (no dicho) bajo un régimen ultrarrepresivo. Una actitud más que meritoria: recomendable.
El miedo a que una crisis repentina (junto al problema de las nacionalidades), agrave la situación de España, de manera tal que pueda estallar en mil pedazos como lo hizo Yugoslavia, ha hecho que la burguesía replantee sus pasos. Ante el gran desprestigio de Galindo y sus grupos parapoliciales GAL (actualmente el teniente coronel está preso por terrorismo y tráfico de drogas) el régimen necesitó cambiar, para no perder la iniciativa. El juez Baltasar Garzón, que se ‘prestigia’ persiguiendo y encarcelando genocidas latinoamericanos es, en realidad, la carta más peligrosa del nuevo ataque. En el ‘98, decretó la clausura del diario Egin y atacó la red de empresas que sirven de financiación a ETA. En el ‘00, ordenó la detención de 16 miembros de Xaki, aparato de relaciones internacionales de la organización. También promueve modificar leyes para poder encarcelar menores de 18 años acusándolos de ‘terroristas’, y de esa manera cortar el flujo juvenil hacia Jarrai. El ‘superjuez’ ha logrado recomponer algo de lo que el régimen había perdido con Galindo.
Ante este cambio en la táctica enemiga, las organizaciones populares fueron replanteadas, ya que resulta más fácil para el poder, atacar a un blanco fijo y conocido, que a uno móvil e imprevisible. Además, una cosa es un militar junto a su camarilla corrupta, y otra muy distinta es un ‘respetado’ magistrado, con la ley en la mano y el ‘consenso público’. Por eso, la separación de Negu Gorriak (aunque nos haya dolido) fue inevitable, porque NG era, ni más ni menos, que una barricada más en la batalla. La batalla que se libra todos los días y todas las noches, en la caliente zona montañosa del norte de Ex-paña.
domingo, 1 de abril de 2012
Manifiesto del Partido Comunista
de Marx y Engels.Libro 005.
Segunda Edición.
48 Páginas.
Febrero ’10.
Precio: 3 pesos.
Una Fábrica de Subjetividad.
¿Casualidad? ¡Nooooo!: la primera edición del Manifiesto Comunista vio la luz en febrero de 1848, coincidiendo con el inicio de las revoluciones que conmovieron a Europa en ese año; por eso el Manifiesto tuvo que circular como una especie de folleto clandestino (¿habrá sido el primer fanzine?). Hoy, a más de 160 años de esa primera edición, todavía sigue dando mucho que hablar. Entre otras cosas, por la juventud de sus autores al escribirlo y también, por el esfuerzo de ambos para adaptar el texto (escrito para un momento, un lugar y una circunstancia determinados) a cada nueva situación. Esto último se ve muy claro en los siete prólogos que escribieron para las distintas ediciones europeas, donde se proponen que el Manifiesto sea un texto vivo; ni teórico ni académico, un texto para la acción.
Por el contrario, resulta tristísimo y mediocre el papel actual que desarrollan los partidos tradicionales de la izquierda en casi todas partes. Basta con echar una mirada a sus publicaciones, donde reproducen dogmáticamente el Manifiesto -y otros escritos- como si fuera una Biblia, sin entender jamás estos dirigentes perezosos, que la política es un arte, que es necesario crear de manera permanente ya que nada se repite dos veces. Además -muy paradógico-, la gran mayoría de estas publicaciones tiene copyright (¡!). Sus militantes, así formados, a menudo se chocan duro con la realidad, cuando quieren forzarla para que “entre” en sus esquemas desactualizados y fuera de contexto. Generan hasta risa oírlos llamar “obrero” o “proletario” a un oficinista, o “campesino” a un indígena. Pobre Marx, que lo único que hizo fue intentar innovar, como le escribía en setiembre de 1943 en una carta a Ruge: “Lo que precisamente constituye la ventaja de la nueva tendencia, es que no queremos anticipar el mundo dogmáticamente, sino solamente hallar el mundo nuevo por medio de la crítica del antiguo... Esa es la razón por la que nosotros no tendríamos que alzar ninguna bandera dogmáticamente; todo lo contrario... Esa es la manera de afrontar el mundo de un modo no doctrinario, no diciendo: ¡Aquí está la verdad, arrodillaos!. A través de los principios mismos del mundo, nosotros ilustraremos al mundo con principios nuevos”.
El Capitalismo (en su fase actual de desarrollo, la del Imperio) ya no sólo explota personas en las cuatro paredes de una fábrica. Extrae ganancia y plusvalía de formas tan diversas, que los autores del Manifiesto jamás hubiesen llegado a pensar. No sólo baja los salarios y empeora las condiciones laborales, sino que también degrada la naturaleza, el cuerpo, los sentimientos, los sueños, el planeta, la cultura, la vida. Todo lo mercantiliza, imponiendo un modelo de vida consumista que contamina íntegramente al ser humano. Por eso es válida y legítima cualquier forma de resistencia: desde una huelga en una empresa, hasta una protesta ambientalista; desde un corte de calle de desocupados, hasta la propagación del software libre; desde la creación de un centro social a partir de un edificio okupado, hasta exigir el derecho a poder casarse para los homosexuales; desde la colocación de una bomba incendiaria en un cajero automático, hasta el reclamo por la despenalización del consumo de drogas; desde una marcha por la libertad de los presos políticos, hasta reclamar respeto por una lengua originaria. Toda lucha por extraña que parezca, enfrenta la misma bota opresora, la misma jeringa chupasangre. Es imprescindible, entonces, dejar de establecer jerarquías o prioridades entre ellas; valorarlas a todas por igual.
A partir de fines del siglo veinte, tras la caída del imperio soviético y la degeneración del imperio chino, hemos asistido, con alegría, a un nuevo panorama mundial. Primero, con la irrupción de los zapatistas el 1/1/94 y luego con la aparición del movimiento antiglobalización (que nació con la “Batalla de Seattle” en noviembre del ‘99), llegó un aire fresco que renovó por completo la lucha: movilizaciones de cientos de miles por las calles del planeta repudiando las instituciones que nos gobiernan, multitud de grupos distintos llevando adelante acciones directas o desobediencias civiles, construcción de redes horizontales y autónomas, boicots imaginativos e inesperados, etc. Sin duda, Marx y Engels (dos verdaderos pragmáticos), estarían muchísimo más cerca de este movimiento anticapitalista internacional, que de no pocos obreros ideológicamente reaccionarios, completamente alienados, capaces de autoesclavizarse durante toda su vida sólo para tener la posibilidad de conocer Disneylandia junto a su familia.
Tiempos durísimos, tiempos novedosos, tiempos de cambio. Las turbulentas transiciones que sacuden lo establecido, cada vez que la Historia decide echarse un vertiginoso polvo con su amiga la Ironía.
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